Hoy todo el mundo dice estar de acuerdo con que las mujeres deben tener un papel más importante en la toma de decisiones políticas, económicas y de todo tipo. Todos los días escuchamos a alguna figura pública decir que la inclusión está muy bien, que las mujeres son muy talentosas y que México necesita todo ese talento para crecer.
Hasta ahí, todo perfecto. Sin embargo, lo cierto es que hay una brecha enorme entre estas declaraciones y la realidad. En México el número de hombres que trabajan como funcionarios públicos, gerentes del sector privado o administradores es prácticamente el doble que el de las mujeres (63% frente a 37%). Si vemos a las y los gobernadores, nos damos cuenta de que en realidad hablamos de la gobernadora de Sonora y los 31 gobernadores. Y en el poder judicial las cosas no son mucho mejores: casi ocho de cada 10 jueces de distrito y magistrados de circuito son hombres.
Una de las principales causas por la que estemos así es la discriminación estructural de género. ¿Cómo funciona este tipo de discriminación? Empieza con prejuicios y estereotipos sobre las mujeres; por ejemplo, que por naturaleza están mejor preparadas para los trabajos del hogar y las labores de cuidado que los hombres. Como si tener vagina te ayudara a cocinar o a limpiar mejor tu casa.
Estos prejuicios se convierten después en prácticas discriminatorias que impiden el ejercicio de derechos. En el caso del liderazgo femenino, las prácticas se convierten en barreras para que las mujeres asciendan o tengan acceso a los puestos de toma de decisiones; lo cual provoca finalmente brechas enormes entre las mujeres y los hombres en esas posiciones, como las que mencioné al inicio. Y otras más, como que nueve de cada 10 mujeres de entre 30 y 59 años que no trabajan, no lo hacen porque tienen que dedicarse al trabajo del hogar o a labores de cuidado, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación 2017.
Finalmente, esas prácticas después se justifican mediante los prejuicios que las generaron. Por ejemplo, no se da el puesto de gerente a una mujer que tenga hijas o hijos porque se cree que “no va a poder” tener el mismo compromiso que un hombre con el trabajo, justo por tener la responsabilidad de cuidar a su familia.
Esta lógica se reproduce una y otra vez, en todos los espacios sociales, incluso sin que las personas que discriminan se den cuenta de que están discriminando. Y por supuesto, esta lógica también fortalece las relaciones asimétricas de poder entre hombres y mujeres. Por todas estas características decimos que la discriminación de género tiene un carácter estructural.
Crédito: Conapred, 2018
¿Eso significa entonces que no podamos hacer nada al respecto? No. La discriminación se puede y se debe combatir. ¿Cómo? Mediante instrumentos específicos que rompan su lógica en todos los ámbitos sociales.
Un ejemplo concreto es la difusión de información que combata los prejuicios y estereotipos de género, como campañas publicitarias donde se muestre a las mujeres como líderes y no como la pareja de un hombre líder, que además lo espera impaciente en su casa con la cena servida y con sus hijas e hijos bien peinados. La capacitación también es importante, especialmente a quienes toman decisiones sobre contratación, ascensos y permanencia de las mujeres en los centros de trabajo.
Pero a veces la discriminación es tan profunda y arraigada, que es necesario ir más allá, por ejemplo, aplicando medidas para la igualdad que garanticen la representación de las mujeres en puestos de liderazgo, como las de paridad de género que ya existen en el ámbito político electoral. Sin medidas de este tipo, llegaríamos al 2100 sin tener un Congreso de la Unión con paridad de género como el que hoy tenemos.
Sé que hay muchos mitos alrededor de este tipo de medidas de acción afirmativa, como que promueven que se contrate a la gente por su género y no por sus talentos, o que se termina por discriminar a los hombres al dar un trato “preferencial” a las mujeres. Todas estas ideas son interpretaciones equivocadas de lo que buscan estas políticas; por ejemplo, sobre el mito de que se deja fuera el talento, un estudio reciente muestra que las medidas de inclusión laboral en realidad aumentan el número de mujeres bien calificadas y dejan fuera a los hombres de menor calificación. A diferencia de estos mitos, lo que buscan las acciones afirmativas es repartir de manera más equitativa los recursos escasos con los que contamos como sociedad, uno de los cuales son los puestos de toma de decisiones, de los que las mujeres son sistemáticamente excluidas, aunque tengan la experiencia y las capacidades necesarias para ocuparlos.
Todas las personas podemos contribuir a romper la lógica de la discriminación desde cualquier ámbito: el sector público, nuestras casas, una escuela o una empresa. Alcemos la voz para señalar los prejuicios, las prácticas y las brechas donde las detectemos, y ofrezcamos alternativas que transformen poco a poco este ciclo en uno de igualdad.
El primero de noviembre de 2009 viajamos a Pátzcuaro mi amiga Carmen Ávalos y yo, la intención era escuchar a mi amiga María Luisa Tamez cantando el Réquiem de Verdi en la basílica de este pueblo mágico de Michoacán, cuna de mis abuelos paternos y maternos.
El impresionante Réquiem de Verdi toca fibras profundas relacionadas con el momento de la partida de este mundo, así que salimos de allí en un íntimo estado meditativo. Luego del concierto fuimos a cenar con el grupo de amigos cantantes, el esposo de María (el barítono Carlos Serrano -hoy ya fallecido-, un entrañable amigo), y con ellos iban además: la nuera y el nieto pequeño.
Era noche de muertos y al terminar la cena convenimos María Luisa y su familia, Carmen y yo, en ir por vez primera hacia el Lago de Janitzio a visitar el cementerio, justo en la noche de la festividad de los difuntos ya que ninguno de nosotros nunca antes había tenido la oportunidad de vivir esta experiencia.
La escena del velatorio en el cementerio de Janitzio la había visto innumerables veces a través de los medios y nunca ha dejado de impresionarme; sin embargo, estar allí en vivo era otra experiencia. Si me faltaba conocer el fervor y el cariño verdadero de los vivos hacia sus difuntos, acompañándolos en desvelo, día, noche y madrugada, a merced del frío, la tristeza y los recuerdos, lo supe esa noche, y soportan, tal vez con desagrado, la impertinente intromisión de visitantes irreverentes y ajenos a tal acto de amor, tradición y acercamiento espiritual.
Nos embarcamos hacia el cementerio preparados para el frío con lo que llevábamos puesto y con lo que pudimos adquirir, previniéndonos en el pequeño muelle de Pátzcuaro. Abordamos una lancha repleta de pasajeros acelerados por el alcohol –bastante más que nosotros- y ansiosos de presenciar la experiencia de convivir unas horas con vivos y muertos en su particular recinto donde permanece viva y devota una conmovedora tradición mexicana.
Las imágenes del cementerio poblado de veladoras podíamos verlas cercanas, tangibles; oler y aspirar su cera junto a el cempaxúchitl (claveles de muerto como les llaman poéticamente en el Caribe), así como las ofrendas de alimentos, frutas y pan de muerto. Una comunión de todos aquellos aromas flotando entre el aire templado de la noche entre el olor de la tierra del camposanto.
Salimos después de un cúmulo de visones conmovedoras y surrealistas de aquel velatorio en el cementerio a las 4:30 de la madrugada, María Luisa y yo. Silenciosas y conmovidas bajamos para buscar a los demás hasta la zona poblada de fondas y vendimias tan opuestas a la muerte y tan cotidianas para los vivos. Encontramos a Carlos despierto, muy animado, escuchando música de los trovadores del lugar mientras Carmen, de capa caída, estaba durmiendo agotada con la cabeza reclinada sobre la mesa de una fondita.
Era demasiado deshora para emprender el regreso a tierra aunque éste fuera corto, les sugerí esperar a que amaneciera ya que faltaban pocas horas, pero todos tenían mucho sueño y estaban ansiosos por volver a Pátzcuaro. Yo, que vengo de una isla pequeña en California, por algún arcaico recuerdo flotante en mi psique tenía posiblemente cierta incertidumbre, pero tuve que aceptar la decisión de la mayoría a pesar de mi curiosidad por ver el amanecer desde aquella isla pequeña llena de tradición y magia.
Las lanchas que llevan y traen turistas de un sitio a otro por el lago son muy rústicas y navegan con el tumulto de viajeros con la potencia de un motor primitivo que semeja y suena como el de una motocicleta. Navegaríamos entonces en la telúrica madrugada, entre una mística niebla con difícil visibilidad, transportando aproximadamente a unas ochenta personas, entre ellos adolescentes medio crudos con ropa ligera e inapropiada para el frío de la madrugada, pues salieron de Pátzcuaro por la noche ebrios y alocados, y por supuesto, al abordar hacia Janitzio, sin frío.
El espectáculo, al abandonar la isla de los muertos, con la radiante luna llena, era impresionante y en momentos tenebroso. Los islotes que encontrábamos de regreso, tomaban la forma de espejismos fantasmales a contraluz.
De pronto vi una zona de niebla espesa y la lancha iba justo en esa dirección, sentí escalofrío y pensé que aquello era como entrar a otra dimensión atravesando la neblina. Tuve temor, el frío se hizo más intenso. ¡El conductor de nuestra rústica nave estaba extraviado! Quedamos varados entre un manto de lirios y la neblina, atmósfera obligada para una situación de inesperado misterio.
La rústica embarcación del pueblo, por supuesto, no llevaba brújula; un asistente iba y venía de la proa al motor, desesperado pues no se podía ver nada a través de la neblina. Las señales, -me explicaron- eran todas iguales en el lago y no lograban descifrar dónde estábamos varados sobre el manto de lirios que detuvo el motor al enredarse en él, lo cual no nos permitía avanzar.
El conductor tomó una palanca enorme de madera y trataba inútilmente, en un heroico acto de optimismo, sacar la lancha con la multitud de aquella maraña de lirios. Comenzó a llamar a la estación desesperado para pedir auxilio, pero al parecer era imposible que alguien respondiera, además de que él mismo no sabía con exactitud describir en qué parte del lago nos encontrábamos. Sólo le escuchábamos decir “¡Manden ayuda por favor! La gente ya está muy atemorizada y tienen mucho frío”.
No llegaba ayuda alguna y el frío se intensificaba. La gente comenzó a desesperar aunque en la confusión de la barca muchos no se daban cuenta de que estábamos presos entre los lirios. De pronto, visualizamos el faro de otra lancha entre la niebla que iba también repleta de pasajeros, parecía que iba a golpearnos pues venía en dirección recta hacia nosotros. No comprendíamos por qué no cambiaba de dirección y de pronto, al rozar nuestra embarcación, ¡lo hizo, estaba cambiando su rumbo! Todos gritamos cuando vimos extrañados que cambiaba de dirección, yo me puse de pie, para observar lo que pasaba y me di cuenta que la gente que iba en la otra lancha ni siquiera nos miraba, permanecían sentados, sin ninguna expresión de alarde. Todo esto me pareció muy extraño.
Yo no dejaba de pensar continuamente en las imágenes de la gente en el cementerio y ahora nosotros nos encontrábamos sin movilidad en ese extraño cautiverio acuático.
Poco después, vino una segunda lancha. De nuevo vi que venía hacia nosotros de nuevo sin cambiar su rumbo, me agarré con fuerza de los barrotes de madera transversales de la embarcación esperando la embestida, temía que esta vez fuera más fuerte y dañara la lancha. Pensaba qué haríamos todos en el agua helada en medio de tanto lirio. ¡Aquello era aterrador! La otra lancha seguía avanzando en nuestra dirección como si no estuviéramos allí.
El conductor y su asistente, parados en la orilla del extremo posterior donde yo me encontraba, les hacían señales a los otros con su lámpara, pero de nuevo parecían no vernos y la lancha seguía avanzando, entonces nuestro conductor se dirigió a todos nosotros pues los pasajeros ya eran presa del pánico, se paraban y movían inquietos tiritando por el frío. Nos gritó: “¡Por favor, nadie se ponga de pie, todos permanezcan sentados porque la lancha se puede voltear y no saldremos de entre los lirios!”.
Me acerqué a él y le pregunté por qué las otras embarcaciones parecían no vernos ni inmutarse con la nuestra. “¡Aquí en el lago pasan cosas muy extrañas, señora. A veces hay lanchas que se pierden y no las encontramos nunca!” me dijo en voz baja su asistente, respondiendo él a mi pregunta.
Yo sabía de antemano que la lancha nos golpearía de frente. Yo observaba en silencio todo; me detuve con fuerza pensando que si la gente se ponía de pie y la lancha nos golpeaba era verdad que acabaríamos en el agua helada, sin que nadie nos pudiera tender una mano, pues la lancha agresora venía también llena de pasajeros y por lo tanto muy pesada.
La segunda embarcación nos golpeó directamente y después cambió el rumbo desalentadoramente. Entonces reflexioné asustada con rapidez en muchas cosas y en silencio contemplativo me preguntaba si la lancha había quedado perforada por el golpe. “Moriremos todos congelados en el lago, enredados entre el lirio y nadie lo sabrá” pensaba. Pero estar capturados entre los lirios era lo que nos salvaba de aquella embestida y la posible zozobra de nuestra barca.
Sin embargo, lo más extraño de todo aquello fue la actitud de indiferencia de los pasajeros de la otra embarcación, era como si hubieran chocado contra un islote, nadie parecía notar que estábamos allí por más gritos que dábamos todos, por más señales luminosas que hacía el conductor con su lámpara.
Llegué a pensar cosas muy extrañas; si aquello no sólo se trataba de la posibilidad de estar en una dimensión paralela, sino en la posibilidad de que fuéramos nosotros quienes no estuviéramos aún vivos. Pensé si en verdad estaríamos ya muertos, acaso y sería nuestro conductor una especie de Caronte que nos trasladaba por las islas de la vida y la muerte antes de bajar en la isla donde a cada uno de nosotros le esperaba su destino espiritual…
¿Acaso estarían las otras embarcaciones ocupadas por fantasmas, por difuntos? lLa imaginación ardiente de una pintora que lidia continuamente sobre el tema de la muerte y el misterio.
Recordé un cuento de viajeros en el mar sobre el trazo de una banda de Moebius (Möbius), pues era indudable que el conductor de nuestra barca había perdido por completo nuestra ubicación y la de la isla, no había ruta clara ni precisa, era como estar detenidos en el punto donde la banda de Moebius pierde su orientación.
Apartada del lugar donde estaban mis amigos, tomaba fotos de vez en cuando, porque aún dentro de mi terror no podía evitar admirar el misterio y la belleza de algunas imágenes entre la pesada bruma del amanecer y también lo hacía con el fin de distraer mi mente de los pensamientos de pánico.
Comenzamos a padecer el más terrible frío de la madrugada sobre el lago, especialmente los jóvenes que llevaban ropa ligera y ya sentían fuertemente la resaca del alcohol, sus risas y estruendos se habían convertido en temor y gemidos.
Una viejecita lloraba de angustia, entre dos mujeres que la abrazaban para darle calor. Carmencita, mi amiga, quien iba sentada cerca de ellas, estaba agotada y pálida pero con sus enormes ojos verdes muy abiertos en suspenso.
Algunas de las chicas más jóvenes perdieron la noción de la circunstancia en la que estábamos capturados y gritaban perturbadas exigiendo histéricas que se les bajara inmediatamente de la embarcación, como si estuviéramos anclados junto a una isla. No acertaban a darse cuenta que no había tierra firme a nuestro alrededor.
Mi amiga María Luisa y su esposo viajaban con su familia en la parte delantera, reclamaban muy alterados al conductor. “¡Qué irresponsables! ¿Por qué nadie viene a rescatarnos?”. Intentaban desde sus celulares comunicarse a Pátzcuaro pero las señales se perdían o tal vez ni siquiera había nadie del otro lado que las atendiera.
Pensé: “pronto amanecerá, es la única esperanza y entonces seguro otros ya podrán vernos”. Apenas se vislumbraba el amanecer y de pronto, con los primeros rayos de sol, como por arte de magia, salimos de allí. Nuestro conductor pudo al fin desarraigar aquel mamotreto repleto de pasajeros angustiados de entre la maraña de lirios.
Sin lugar a dudas la muerte había jugado con nosotros por tres horas interminables…
Los difuntos de la pequeña isla de Janitzio, se habían desquitado de las impertinentes actitudes de los jóvenes y desde su espiritual reino se mofaban de nuestra humana ignorancia e impotencia, de las risas y correteos de los jóvenes borrachos saltando entre las tumbas del cementerio horas antes, sin respeto alguno por los muertos ni sus dolientes. Las almas de los difuntos se alegraron del frío escalofriante de los jóvenes en su resaca gélida y sus quejidos.
La luna nunca sirvió de guía -tampoco hubiera ayudado mucho con el lirio pertinaz-, pero aún llena ella, con su giocóndita sonrisa, miraba indiferente desde las alturas. El silencio nocturno y el frío nos horadaban los huesos, mientras nadie sobre la lancha comprendía qué era lo que realmente nos estaba sucediendo, todos sólo pensábamos angustiados en desesperadamente bajar de aquella barca y pisar tierra.
Habíamos estado varados tres horas entre el umbral de la vida y de la muerte.
Salimos de allí a pisar tierra a las 7:30 de la mañana: no nos esperaban, ningún alma viva buscó la embarcación, nadie nos tendió la mano, a ningún ser humano le importó lo que nos había pasado. Esperamos de pie todavía con preocupación frente a la barca ver bajar a la viejita con sus acompañantes, pero –cosa muy extraña- nunca apareció de entre la gente que bajaba. Fuimos a quejarnos agotados y molestos a una cabina donde el único ser aparentemente responsable se limitó a decir sin mirarnos a la cara: “Yo jamás recibí anoche ni una sola llamada de nadie”.
Era indudable que habíamos estado cautivos en una zona donde los vivos no son vistos y sus voces no pueden ser escuchadas, donde otros vivos sólo pasan de largo.
Cuando se piensa en el momento de la muerte uno va preparando la maleta llena de recuerdos para llevarse el último día de la vida. Quién no tiene el pensamiento romántico de que, tendidos antes de morir sobre nuestra cama y rodeados de seres queridos, meditaremos, recordaremos lo bueno de nuestras vidas, perdonaremos y nos iremos en paz. La realidad es que ignoramos cuál será la situación verdadera y puede ser que la muerte llegue súbitamente como una estocada, sin darnos tiempo de nada, o como en este episodio que les narro, y que La Bella llegue en una situación angustiante, trágica y llena de misterio como la que vivimos en Janitzio.
Por mi parte siento que he disfrutado la vida tanto como he podido, pienso en la muerte con mucha frecuencia, sé que puede suceder en cualquier momento. Desde muy niña he vivido con ese pulso de muerte.
La soledad me reconforta en su silencio y en ocasiones me conecta fuertemente con el umbral de la muerte que siempre está presente virtualmente, erguido, firme, como uno de los enigmáticos pórticos arquitectónicos viejos de la isla griega de Santorini, cuyas entradas conducen sólo al cielo o al mar.
La soledad me planta de frente en un umbral de partida, en el cual transita su inevitable niebla siempre en movimiento que avanza ligera en apariencia, así como la barca ancestral de las estancias de los sueños de mi infancia, entre la misteriosa neblina del lago de Janitzio y mis actuales pinturas, entre los sueños que aún vividos, jamás he pintado.
La Bella sin prisa espera de pie, desde su paciencia implacable, en el umbral a lo incierto, a lo desconocido, pasadizo irremisible al sueño de los vivos.
Sin embargo, siempre, en esos momentos en que la pienso tan certera y liberadora como el Libera me Domine, de morte aeterna del Réquiem de Verdi, una cálida ráfaga de amor roza mis labios, eriza mi piel, habla quedo, y vuelvo con pasión a abrazar la vida como al bajar de aquella barca esa madrugada en la isla de Janitzio.
LIBERA ME DOMINE, DE MORTE AETERNA
Líbrame, oh Señor, de la muerte eterna en aquel día terrible. Cuando los cielos y la tierra sean movidos, cuando vengas a juzgar el mundo con fuego.
Estoy hecho a temblar, y temo, hasta que el juicio sea sobre nosotros, y la ira venidera. Cuando los cielos y la tierra sean movidos. Ese día, día de ira, calamidad y miseria, día de gran y máxima amargura.
Cuando vengas a juzgar el mundo con fuego. Descansa eternamente, oh Señor, y haz que la luz brille perpetuamente sobre ellos. Líbrame, oh Señor, de la muerte eterna en aquel día terrible. Cuando los cielos y la tierra sean movidos, cuando vengas a juzgar el mundo con fuego.
Estoy hecho a temblar, y temo, hasta que el juicio sea sobre nosotros, y la ira venidera, cuando los cielos y la tierra sean movidos. Ese día, día de ira, calamidad y miseria, día de gran y máxima amargura.
Cuando vengas a juzgar el mundo con fuego. Descansa eternamente, oh Señor, y haz que la luz brille perpetuamente sobre ellos.
Cuando me invitaron a escribir aquí, no tenía idea de lo que iba a hablar. “¿Escribir? Yo nada más dibujo” fue lo primero que pensé, después de meditar un poco, me creí capaz de interpretar mis dibujos en palabras.
A lo largo de mis 27 años he conocido a algunos corazones, ninguno hasta ahora se ha quedado, pero me han dejado muchas lecciones, lecciones que decidí interpretar y recopilar gráficamente.
He vivido amores trascendentales, así como efímeros, inmaduros, inocentes, torpes, sinceros, intensos e impulsivos. A todas las personas nos han lastimado y hemos lastimado, hemos actuado desde el enojo y desde el amor en muchas ocasiones.
A todos esos corazones que se llegaron a topar con el mío, si los lastimé, lo siento mucho; si me lastimaron, ya está más que perdonado.
Creo que todxs hemos pasado por ese momento en donde amar a alguien ha dolido, al grado que hasta respirar cuesta. La última vez que me pasó, me prometí que nunca más me iban a romper y que jamás me volvería a enamorar.
Obviamente, todxs sabemos cómo acabó eso, me enamoré y se acabó otra vez, ¿lo bueno? Aprendí que iba a vivir mi proceso de duelo a través de una bitácora de mi corazón llamada #proyectocorazón. Es la forma más sincera que he encontrado de hablar de mis sentimientos, la manera en la que he podido plasmar mis pensamientos en dibujos y hablarle a las personas por las que he sentido algo.
Escogí alguno corazones de los que tengo para contar un poco acerca de ellos, porqué decidí abrirme a ustedes y contarles un poco de su historia.
Respirando a suspiros. Lo que creía casi imposible volvió a pasar, la última vez que me volví loca por alguien fue con ese corazón. Era muy diferente, era nuevo lo que estaba sintiendo, me sentía respirando entre suspiros, verle era algo inigualable, le regalé este corazón, como un primer gesto de amor, vamos a llamarle “sonrisa” porque definitivamente es una de las más hermosas que conozco y lo que mejor recuerdo.
Quiero crecer contigo. Yo sabía que la sonrisa que estaba llenando de amor mis días estaba apagándose, ya no brillaba igual, ya no brillábamos igual. Pero algo era seguro: yo quería que crecer y transformarme a su lado, creo que ambos corazones lo queríamos. “Quiero crecer contigo, no precisamente en edad, si no en espíritu, quiero aprender de ti, de nosotros. Hacer de nuestra forma de amar, algo único. Valorar cada instante que vivimos, quiero crecer contigo”. Aprendí que amar no es precisamente algo romántico, cuando quieres a la persona la quieres bien, cerca o lejos, porque amar libre y sanamente es así.
Estoy listo. Protegiéndose con una armadura de guerrero, mi corazón estaba listo, estaba preparado, este corazón se lo hice a un tío que estaba a punto de fallecer. Fue una de las despedidas más fuertes a las que me he enfrentado, había perdido a dos grandes amigos, pero nunca a alguien que me había visto crecer, que estaba para mí cuando quería jugar, que me enseñaba a preparar café con leche o los nombres de cada uno de los panes cuando íbamos a comprar para el postre. De vez en cuando lo extraño y me compro su pan favorito para recordarle. Cuando supe que su muerte estaba próxima, lo único que pude fue dibujar este corazón mientras estaba sentada haciendo guardia en el hospital. “Estoy listo” resume la preparación que tuve y la despedida que le hice a este hermoso ser que ahora es luz.
El amor siempre termina rompiendo algo y reparándolo también. Sonrisa se fue ¿ven? Les dije que se estaba apagando. Ahora, viéndolo a la distancia, fue lo mejor que nos pudo haber pasado. Es inevitable que el amor nos rompa, nos hacemos vulnerables, abrimos nuestro corazón, nos dejamos llevar, vivimos y amamos apasionadamente, siempre he creído que hay muchas cosas mediocres en este mundo como para que el amor sea una más de ellas. Pero descubrí un tipo diferente de amor, descubrí el amor propio, descubrí que ese amor era el que me iba a sacar adelante. Que posiblemente vendrían más corazones de los cuales podría enamorarme y para eso tenía que enamorarme primero a mí.
Ámate. Este corazón era la luz al final del túnel, era donde sabía que debía de llegar si quería estar bien conmigo. Pero me había descuidado, me había olvidado un poco, mi autoestima no era la mejor en ese momento (sigue teniendo sus debilidades) pero, sin duda alguna, amarme primero yo fue de las mejores decisiones que he hecho y que mantengo firme hasta el momento, no debes de poner a nadie por encima de ti. De eso habla “Ámate”: amarte con tus defectos y todas tus cualidades, con tus claroscuros y con tu brillo, merecerte, respetarte y conocerte.
Nos sacudieron el alma. Había pasado un mes del 19S. Vivo en la Ciudad de México y ese fue el que me tocó vivir a mí. Gracias a la vida que me quiere tanto y me recuerda lo afortunada que soy, no me perjudico en mis bienes materiales, pero al igual que a muchos, el terremoto me tocó el alma, me hizo querer a México mucho más de lo que pensé que lo quería, volvió a mí el altruismo que estaba adormilado. Íbamos en bicicleta, recolectamos víveres, materiales, hicimos dibujos para los albergues. Recientemente visite Oaxaca y me di cuenta que la emergencia sigue; lamentablemente, aunque como país tenemos los recursos, no llegan a quienes los necesitan. Te invito a que si estás leyendo esto busques una manera de ayudar y apoyar. Este sismo me sacudió, me hizo salir de mi egoísmo y valorar el privilegio en el que vivo, tengo techo, comida, trabajo, familia y amigos y eso, ya me hace (nos hace) ser afortunados.
Amores eternos. El día de muertos, desde que tuve muertos, se volvió en algo simbólico y preciado para mí. Este corazón lo hice en honor a dos amigos: Gerardo, quien me ayudó a comenzar junto con Mely -su esposa- mi carrera como ilustradora. De no haber sido porque me encontraron seguro este camino hubiera tomado más tiempo, él falleció en 2014 debido a una impertinencia en vía pública, iba en EcoBici a su trabajo. También se lo dediqué a Abraham, existen personas que llegan a tu vida en momentos inesperados y te ayudan a salir adelante sin querer; yo conocí a Abraham unas semanas, me adoptó en su casa y me trató como a una pequeña hermana, me hacía chocolate con amaranto para despertar y me ayudaba en mis proyectos en Puebla, desde ese momento ganó un lugar en mi corazón. Él falleció en 2016 a causa de un tumor cerebral. En honor a esos dos amores eternos en mi vida y en honor a los de otras personas surgió este corazón.
Cual Tsunami. La leyenda de este corazón va así: “Hay personas que pueden trascender en ti de maneras indescriptibles, vibran en sintonía, mueven emociones, desempolvan sueños. Así llegan las grandes amistades, algunos amores. Pero sobre todo las personas valiosas llegan inesperadamente, cual tsunami. En tributo a “La gran ola” de Hokusai, una de mi estampas favoritas”. Posiblemente todxs nos hemos enamorado de una persona imposible, pero era la primera vez que me pasaba. Al origen de este corazón vamos a llamarle “inspiración” porque en el momento en el que pensé que no podía sentir, en el que verdaderamente mi alma estaba rota, hubo un poquito de luz. De los nueve corazones que le dediqué, escogí éste, no solo porque le gusta el mar, sino porque es el que mejor describe a “inspiración”. Tan grande, tan espontánea, tan inefable.
Extíngueme. Este corazón no nació precisamente de un amor romántico, pero sí admirable; nació de una plática, ojalá el mundo hubiera conocido esas pláticas, podíamos pasar horas tratando de descifrar de todo, podíamos tomar palabras al azar y tener argumentos para debatir. Este corazón salió de alguien a quien llamaremos “trascendente”; así como los dinosaurios, alguien de quien seguramente seguiré hablando en 65 millones de años. La leyenda de este corazón va así: “Encontrar a alguien con quién valga la pena arriesgarse, con quién valga la subida y la caída. Si voy a vivir, a llorar, a amar…si me voy a extinguir, que sea contigo”. Y aunque “trascendente” no fue la persona con la que decidí arriesgarme y volverme a enamorar, sin duda me dejó este corazón como recuerdo de su paso en mi vida.
Descúbreme. A esta persona la voy a llamar “ilusión” porque, francamente, todo se creó en mi cabeza, pero verdaderamente fue una de las más bellas experiencias que he vivido. Conocí a “ilusión” en el verano y sin esperarlo inspiró el siguiente texto: “No sé si es un misterio y probablemente no está en las mejores condiciones, tal vez sea salvaje, esté enredado o sea difícil llegar a él, pero si te gusta la aventura, ven, descúbreme”. Mi corazón verdaderamente era una jungla impenetrable, pero por alguna extraña razón estaba dispuesta a que “ilusión” pudiera descubrirla. No pasó, porque supe valorar más que la persona que estaba descubriendo en ese momento, se quedara en mi vida como una amiga, una confidente, un equipo.
Kintsukuroi o Kintsugi, significa “Reparar con oro”; el arte de reparar cerámica con oro y entender que la pieza es más hermosa por haberse roto. Creo que todxs hemos estado rotos en algún punto de nuestra vida. Ustedes han leído a través de estos corazones el camino que he recorrido, la montaña rusa de emociones que he pasado y los corazones con los que he convivido. Hubo un momento en el que me di cuenta que no por estar roto mi corazón estaba mal, estaba enfermo o no podía ser usado, me apropié de ese dolor y de esas rupturas para saber que gracias a ellas y a cada vez que las he reparado se hace más hermoso, con más historia, más lleno de vida. Este corazón me lo regalé a mí. Me lo hice a esa parte mía que llamaremos “esperanza”, me lo regalé y me lo sigo regalando porque aunque tardé en saber el verdadero valor de esta pieza, lo descubrí y aprendí a amar cada herida, cada vivencia, cada persona, cada sonrisa, cada inspiración, cada trascendencia, cada ilusión, aprendí a amarme a mí.
Al final, no importan las personas que hayan pasado si no la lección que me han dejado, faltan muchos corazones que ahora quiero representar, pero para eso tenemos esta vida, para aprender, para amar y para ser felices con nosotros mismos. Gracias a todas y cada una de las personas que se han cruzado en mi camino, tienen una historia en mi corazón. Encontré inspiración para un corazón nuevo, uno que habla de vivir el momento y aprovechar el presente, el aquí y ahora. Espérenlo.
El 14 de febrero de 2017 lanzamos nuestra primera columna de “El Viejerío”, y desde entonces, muchas cosas se han dicho en este espacio.
Muchos temas se han tratado y muchas preguntas se han lanzado. Muchas reflexiones se han hecho, también. Y para que no se pierdan estas palabras de mujeres comprometidas con la igualdad de derechos, el placer y el humor, hicimos un recuento de las 5 columnas más vistas por nuestrxs lectorxs.
Échale un ojo a esta lista y vuelve a leer las palabras de “El Viejerío”, o ponte al corriente si aún no lo has hecho…
¿Quiénes somos las Putas: Puta es la que sólo cobra por su sexo o Putas somos todas aquellas que nos salimos de las normas establecidas social y culturalmente?
Georgina Orellano es “Secretaria General Nacional de AMMAR Peronista/Puta/Feminista. Militante por los derechos Humanos y Laborales de l@s Trabajador@s Sexuales”. Síguela en Twitter como @GeorOrellano
Valorar esas actividades, bienes o servicios necesarios para la reproducción y el mantenimiento de la vida de las personas: la alimentación, la salud, el afecto, la educación y un entorno de vida adecuado y sus impactos tanto materiales como sociales es a lo que nos referimos con Economía de los Cuidados.
Martha Tagle es “#DiputadaCiudadana Feminista comprometida con el avance de la agenda de DDHH y la igualdad sustantiva. Soy el medio para que tu voz sea escuchada”, según su bio en Twitter. Síguela como @MarthaTagle.
La cruzada contra la llamada ‘ideología de género’, según la feminista brasileña Sonia Corrêa, tiene sus orígenes en conferencias de las Naciones Unidas de los años noventa (en particular la conferencia sobre población y desarrollo y la conferencia mundial de la mujer) en las que el término ‘género’ fue integrado por primera vez a acuerdos multilaterales entre gobiernos los cuales fueron fundamentales para el avance de los derechos humanos de las mujeres, los derechos reproductivos y los derechos sexuales a nivel global…
Lidia Alpízar Durán es una activista feminista costarricense que tuitea sobre feminismo y derechos de las mujeres, síguela en @lidiaalpizar.
No voy a decir que soy víctima de los estereotipos de belleza femenina. Tampoco que tengo consejos ni respuestas ni una mierda…
Alma Delia Murillo se define así en Twitter: “Escribí El niño que fuimos (Alfaguara, 2018), Las noches habitadas, (Planeta, 2015) y Damas de Caza (2011). Columnista en @SinEmbargoMx. ¿Alguien dijo mezcal?”. Síguela como @AlmaDeliaMC.
Tengo casi 70 años y participé en un movimiento cuya intención era mostrar que trabajar fuera de casa, en cualquier puesto, con un buen salario, iba a hacer libres y más felices a las mujeres…
La doctora Julieta Fierro es investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM. Conoce más de su trabajo en este enlace.
Estas fueron las 5 columnas de El Viejerío más populares desde que comenzamos a publicarlas, allá en febrero de 2017. ¿Cuál es tu favorita? ¿Estaba en la lista? Deja un comentario para que más personas las lean…
Este era el coro que resonaba el pasado miércoles, 8 de agosto de este año en la marcha: Por nuestro derecho a decidir / educación sexual para decidir / anticonceptivos para no abortar / aborto legal, seguro y gratuito, paro no morir.
En apoyo a la legalización del aborto en Argentina, organizaciones civiles y colectivos de mujeres de la Ciudad de México organizaron una marcha en la capital. Los contingentes se reunieron en el Consulado de Argentina, ÁngelA de la Independencia, Monumento a la Madre y el Hemiciclo a Juárez.
La llamada “marea verde”, aparte de apoyar a las mujeres de Argentina, busca “el aborto legal, seguro y gratuito en todo México”, debido a que sólo es legal en la CDMX. El centralismo nomás no deja dar paso…
En fin, no haré una reseña general de la marcha pues seguramente ya varias, varios, varixs de ustedes leyeron todo al respecto. Lo que me interesa compartir en este espacio al cual fui amablemente invitada es la sensación de energía positiva, por un lado, y la sensación de frustración, por el otro, cuando al finalizar el día nos enteramos de la no aprobación de la legalidad del aborto en Argentina.
Y bueno, entre ensayos, pendientes bancarios, juntas creativas para el lanzamiento del primer sencillo de Las Luz y Fuerza (mi banda de electrocumbia sobre la cual les platicaré más adelante), angustias personales respondiendo a los 25 chats de whatsapp que acaban formando parte de la vida compleja de una en tanto actriz, cabaretera, cumbianchera, productora, hija, hermana, novia, exnovia, amiga, muy luchona, etc., entre tanta cosa me tomé un par de horas para asistir a dicha marcha.
Llegué una hora después de iniciada la caminata desde el Monumento a la Madre, locación bastante simbólica, hacia el Hemiciclo a Juárez, locación ideal para concluir. No tengo idea de cuántas mujeres estábamos reunidas ahí, pero sí éramos muchas muchas muchas muchas muchas muchas y obviamente faltaron muchas más, pero eran horas laborales; ya se unirán cada vez más personas.
Algo que me agradó bastante fue la presencia de varios hombres -un 30% de los presentes, alguito es algo, prefiero ver el vaso medio lleno a medio vacío- acompañando a sus parejas, amigas, compañeras, apoyando con su pañuelo verde en el cuello y aplaudiendo.
Pero lo que me llamó la atención fue el coro que utilizo de título en este texto: “Sí se puede, si una mujer avanza ningún hombre retrocede” ¿Cómo explicarles? Mmmh…, no me molestó del todo, pero me pareció muy “condescendiente”, por así decirlo, con los machines que tanto estorban. Evidentemente sé que la intención es conciliar, explicarle al género masculino que todo estará bien en sus vidas a pesar de que nosotras las mujeres avancemos en general.
Yo no tengo hijos, ni los pienso tener a estas alturas, franca, madura y honestamente…, pero me imaginé una escena como madre de un niño y una niña, la parejita que le llaman, que de parejo no tiene mucho aún en estos tiempos, pero bueno; me imaginé diciéndole a mi hijito Pepito: “Mi amor, tu hermanita Pepita tiene la libertad total de ejercer sus derechos y avanzar en esta vida, pero mi amor, chiquito hermoso, mi Pepito, eso no te hará menos hombrecito ni mucho menos, todo estará bien, corazón. Tu hermanita tiene derecho a estar bien y tú no tienes porqué enojarte ni asustarte. ¿Ok, mi amor?”.
Y me imaginé a ese Pepito con cara de sustito y relajación a la vez respondiendo: “Ok, mami, qué bueno que me dices esto, así estaré más tranquilo y nunca le voy a pegar a ninguna mujer que amenace mi seguridad, entre otras cosas…”.
Corte a: besos y abrazos entre los tres.
Bueno, por suerte y por convicción no soy esa mamá de esos Pepitxs, y la escena obviamente es una farsa para tratar de ilustrar mi sentir.
¿De verdad es necesario recalcarle a los machines que si una mujer avanza ningún hombre retrocede? Como dice mi sobrina millenial: “¿es neta?”
¿O será que porque los machines se sienten constantemente amenazados con el avance de las mujeres a estas alturas del partido tenemos que seguirles recordando que todo estará bien?
En fin… no me quiero clavar en esta textura, pero me pareció un poco simpático el corito. Ahora sí que cada quien. La cosa es que más allá de este coro, al finalizar el día fue frustrante enterarse de la negativa del senado en Argentina y me dieron ganas de revivir a Gustavo Cerati para que les dijera a cada uno de los votantes en contra “son unos boludos de mierda… Gracias totales” y volviera a morir.
La impotencia, el enojo, la rabia, la tristeza se apoderaron, como tantas otras veces, de mi persona. Y sé que como siempre seguiremos luchando, caminando juntas, buscando justicia, etc., y que con paciencia, fortaleza y necedad se lograrán los objetivos.
Por lo pronto se rumora que se está planeando otra congregación para el 28 de agosto. Así sea. Y en lo que eso sucede, al final de este texto les comparto el Pronunciamiento que se leyó esa tarde por si no lograron asistir o no les ha llegado por algún medio.
Y sin más por el momento, como me enseñaron a despedirme en las cartas en la secundaria, quedo de ustedes, Viejerío querido, y cierro este espacio compartiéndoles que Las Luz y Fuerza, mi agrupación femenina y feminista, electrocumbianchera y cabaretera, en la cual me acompaña mi hermana amada Marina De Ita, cofundadora desde febrero del 2014, dará a luz su primer sencillo oficial el cual estará a la venta y a la mano en todas las plataformas digitales junto con la presentación del videoclip en la fiesta de clausura de nuestro tan querido y necesario Festival Internacional de Cabaret en su 16a edición. Es un verdadero honor para mí y para mis cómplices, Marina De Ita (arreglos, acordeón y sintetizadores), Oceana Castañeda (trombón y flauta) y músicos invitados de cajón: Rodrigo Enciso (batería) Jesús Ochoa (percusiones) y Ricardo García (bajo), presentar el videoclip del sencillo “Cumbia para ardidas… y ni tanto”, de mi autoría, en esta bella celebración cabaretera. Tanto mis adoradas y admiradas Reinas Chulas, como las maravillosas integrantes de la asociación, así como el equipo general del Teatro Bar El Vicio, siempre han apoyado y alentado este proyecto musical, por lo que en agradecimiento total Las Luz y Fuerza estamos felices, ¡y es un orgasmo de placer para nosotras presentar mundialmente nuestro videoclip!
Y para que vayan calentando motores acá les va la letra y el link para que la escuchen y la bailen. Para todas, todos y todxs los que alguna vez han estado ardidxs por aquel amor traicionero, se vale enojarse un rato pá luego perdonar y olvidar! Y en lo que logramos que se legalicen tantas acciones, celebremos con música y humor lo que se ha logrado y celebremos también a nuestro salvadore totale: ¡nuestro cabaret!
“Cumbia para ardidas…y ni tanto”
Cumbia para ardidas, cumbia para ardidas…y ni tanto Báilale y olvida, báilale y olvida, báilale y olvida, era un macho Cumbia, cumbia, cumbia Báilale, perdónale, olvídale… Te engañó, te traicionó, con tu amiga se fugó gay de clóset te salió, el vestido te robó tanto psycho alrededor, trepadora que te usó otro junky te salió, un millenial te humilló Te engañó, te traicionó, tiene novia y la negó de las redes te bloqueó, paranoica te llamó con la tella te engañó, pero siempre lo negó en la cruda te gritó: no eres mi mejor opción. Cumbia para ardidas, cumbia para ardidas… y ni tanto Báilale y olvida, báilale y olvida, báilale y olvida, era un macho.
Ahora sí, me despido de este espacio agradecida y aprovecho también para recordarles que las esperamos todos los fines de semana en “Consígueme una Vida” de Adela Jalife, bajo la dirección de Ana Francis Mor (Reina Chula) bajo la producción de Shoshana Turkia en el Foro Shakespeare hasta el 29 de septiembre. Una obra entrañable para el viejerío, que les regalará esperanza total en estos tiempos caóticos.
Pd. Espero con muchas ganas poder participar en otra ocasión en este espacio para platicar de un tema que es muy necesario de tratar: el famoso #MeTooMX #AmítambiénMX. Como responsable del movimiento que iniciamos en abril de este año me corresponde compartir lo que se ha logrado y lo que nos falta por lograr. Después de tres reuniones bastante fructíferas tuvimos una pausa por distintos motivos laborales y personales de las integrantes, pero se está cocinando a fuego lento el retomar el tema con objetivos más claros enfocados al acoso y abuso del poder laboral como punto de partida. Ya tendremos tiempo para platicar al respecto. Por lo pronto queda repensar el tema de esta nota que es el aborto legal y agradecer nuevamente este espacio tan necesario. Muchas gracias.
Este 8A ¡En varias parte del mundo la marea verde inunda las calles por aborto legal, seguro y gratuito!
El día de hoy nos movilizamos en México y el mundo en solidaridad con la gran jornada de lucha que vienen protagonizando nuestras compañeras en Argentina, que incluye el llamado a Paro Nacional hacia las principales centrales sindicales del país sudamericano, para conquistar el Aborto legal, seguro y gratuito para las mujeres y personas gestantes hasta la semana 14 de gestación. Y es que tras masivas movilizaciones, el pasado 13 de junio, el movimiento de mujeres también conocido como “la rebelión de las nietas”, conquistó la media sanción por la legalización del aborto en el Congreso y el día de hoy la discusión se resuelve en el Senado.
Lo que nos deja claro que si bien fue importante la batalla parlamentaria que dieron las mujeres, ésta se impulsó y fue respaldada desde las calles por miles de mujeres que junto a sus compañeros llevan años luchando por el derecho a decidir sobre sus cuerpos.
Dicha discusión es posible no por la “buena voluntad” del gobierno de Mauricio Macri -que viene aplicando los planes de ajuste dictados desde el Fondo Monetario Internacional (FMI)- sino gracias a décadas de lucha del movimiento de mujeres en Argentina por el derecho a decidir sobre sus cuerpos.
El Código Penal de Argentina penaliza hasta con cuatro años de cárcel a la mujer que se practique un aborto, a pesar de ello, se realizan aproximadamente 500 mil abortos al año en la clandestinidad, poniendo en riesgo de muerte a las mujeres o de que sufran secuelas o daños irreversibles.
En América Latina aproximadamente el 10 por ciento de las muertes asociadas al embarazo son causadas por abortos inseguros, lo que hace de esta problemática una cuestión de salud pública. De la región, sólo Uruguay, Cuba y Puerto Rico, han legalizado el aborto a nivel nacional.
En México, la lucha por la legalización del aborto ha sido larga, por décadas las mujeres han exigido su derecho a un aborto seguro, gratuito, libre y legal a nivel nacional.
A raíz de que en 2007 se despenalizó en la Ciudad de México hasta las 12 semanas de gestación, en el resto del país las leyes antiaborto se recrudecieron brutalmente, encontrando resistencia por parte del Estado y los gobiernos locales que se han movilizado junto a grupos de la ultra derecha, conservadores, “pro-vida” y la iglesia, con influencia política en los congresos locales y estatales, para atentar contra nuestros derechos, logrando que hasta hoy en las constituciones locales de 18 de 32 estados, se hayan aprobado leyes antiaborto para “proteger la vida desde la concepción”, yendo en contra de la vida, los derechos de las mujeres y las personas gestantes.
En la Ciudad de México este servicio sólo se otorga en 13 clínicas y es claramente insuficiente para la alta demanda de mujeres que vienen de todos los Estados, en los que el aborto está criminalizado, para practicarlo de manera segura. En contraste, muchas otras mujeres, la mayoría indígenas o empobrecidas, sin las posibilidades de trasladarse hasta la Ciudad de México, lo hacen en sus Estados de manera ilegal, en clínicas clandestinas, donde corren el riesgo de perder la vida o ser encarceladas con sentencias que van hasta los 50 años. Actualmente, en nuestro país se practican en promedio más de 1 millón de abortos al año, la mayoría en condiciones de ilegalidad, y se tienen registrados más de 700 mujeres presas por abortar.
La ilegalidad no resuelve el problema, lo agrava aún más. A ello se suma: la crisis en los sistemas de salud pública, que limita el libre acceso de la población a servicios de salud sexual-reproductiva así como a métodos anticonceptivos efectivos y gratuitos, la falta de educación sexual laica y no sexista en las escuelas públicas, aunado a los altos índices de deserción escolar y el alarmante aumento de embarazos no deseados en adolescentes, entre otros.
Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir es una consigna que sintetiza de manera clara el sentido de nuestra lucha. Fuera de cuestiones morales, facilita un derecho básico para las mujeres, el derecho a una sexualidad informada y libre, así como, el derecho a decidir sobre su cuerpo y su futuro.
Pelear por la legalización del aborto integra la demanda de educación sexual desde temprana edad a nivel nacional y el derecho a la salud sexual pública y gratuita para acceder a métodos anticonceptivos gratuitos, acordes a nuestras necesidades, así como el acceso al cuidado de la salud sexual en general. Pero también el derecho a decidir cuando hay afectaciones en la salud, violación y condiciones económicas precarias. Porque sabemos que las mujeres jóvenes, trabajadoras, migrantes, indígenas y pobres son quienes enfrentan terribles situaciones cuando deciden interrumpir su embarazo.
Por ello esta jornada de lucha es un llamado para que en el mundo entero se extienda el derecho de todas las mujeres a decidir con respecto a nuestro cuerpo y que el aborto sea totalmente legal, para que se garanticen servicios y programas de planificación familiar donde todas las mujeres tengamos acceso a la información y a toda la gama de anticonceptivos de calidad, acordes a nuestras necesidades y que a su vez sean gratuitos. Y que logremos una cultura de prevención que erradique los embarazos no deseados.
Además queremos denunciar que mientras no podemos decidir sobre nuestros cuerpos seguimos enfrentando: la prostitución y trata de mujeres y niñas, la pornografía, los vientres de alquiler y la violencia feminicida. Además de la superexplotación y precarización laboral de quienes ocupamos el 70% de los trabajos más precarios sin prestaciones ni seguridad social, cobrando 34% menos de lo que cobran los varones, sufriendo acoso sexual y laboral en nuestros centros, y cumpliendo con dobles y hasta triples jornadas laborales mediante el trabajo doméstico no remunerado, realizado mayoritariamente por mujeres y niñas, mismo que en nuestro país representa el 24% del PIB.
Consideramos fundamental tejer lazos entre nosotras que trasciendan fronteras y que veamos en los triunfos de unas, una victoria para todas. Las mujeres argentinas hoy salen a las calles nuevamente y con ellas nosotras, porque estamos convencidas que su lucha da pasos firmes por los derechos de todas las mujeres. La marea verde ha iniciado y la haremos crecer. Salgamos a impulsar espacios para organizarnos en las escuelas, barrios y centros de trabajo, en donde participen de manera independiente, estudiantes, jóvenes, amas de casa, trabajadoras del campo y la ciudad, maestras, migrantes y madres de familia por el derecho a decidir sobre sus cuerpos sin injerencia de la Iglesia, los grupos próvida y el Estado.
Ante el actuar de la derecha y sectores conservadores ligados a la Iglesia en nuestro país, luego del proceso electoral, no podemos confiar en que sólo las iniciativas legales serán suficientes para conquistar nuestros derechos, como lo muestra el caso de Veracruz: en donde a pesar de la orden de un juez federal para despenalizar el aborto por ir en contra de los derechos jurídicos de las mujeres, la influencia de la Iglesia y grupos pro-vida encabezados por el PAN en el congreso estatal, lograron impugnar la orden federal y frenar la discusión legislativa sobre un problema de salud pública, que cada año cobra la salud, la libertad y la vida de cientos de mujeres que mueren a causa de la clandestinidad del aborto. Rumbo a la continuación de la discusión en el congreso de Veracruz tras el cambio de administración y en donde la mayoría estará encabezada por MORENA, las mujeres no podemos confiar en que la conquista de este derecho democrático, vendrá de la buena voluntad de los y las diputadas en el congreso. Tenemos que reventar las calles en Veracruz y el resto del país, para que el aborto legal, libre, seguro y gratuito sea una realidad para todas las mujeres y que nunca más, haya una mujer muerta por abortos clandestinos.
Por todas estas razones se hace urgente construir en México, un potente movimiento de mujeres que pelee por nuestras vidas y por nuestros derechos, de manera independiente por que sabemos que ningún gobierno nos regalará nada y que nuestros derechos se conquistan en las calles.
Hacemos un llamado a las organizaciones feministas y de mujeres, defensoras de derechos humanos, organizaciones estudiantiles, populares, sindicales y de izquierda, -quienes, desde distintos espacios, han estado dando la lucha por la legalización del aborto en todo el país- a sumarse a nuestra lucha para exigir nuestro derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Las invitamos a continuar el debate y la organización nacional y local hacia el 28 de septiembre Día por la legalización y despenalización del aborto en América Latina y el Caribe.
¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir! ¡Su derecho, es nuestro derecho! ¡Aborto legal, seguro y gratuito en todo el país! ¡Si ganan ellas, ganamos todas! ¡Por una maternidad libre y voluntaria!
´Ora sí que, parafraseando a Virginie Despentes en su Teoría King Kong, me presento: escribo desde la fealdad y para la feas, las que andamos en la baika, las que el patriarcado nos llama locas o feminazis, para las que fumamos marihuana o comemos hikuri, para las que no tenemos, ni queremos hijxs, para las que estamos fuera del mercado de las buenas mujeres mexicanas. Y empiezo aquí para que las cosas queden claras, no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro. Ser Mónica del Carmen me parece un asunto más interesante que ningún otro.
Tengo 36 años y nací en Miahuatlán, Oaxaca, un pueblo bastante conservador, donde a mi edad ya soy una mujer quedada. Lo que más rescato de este pueblo es el mercado donde crecí.
En una entrevista me preguntaban cómo es que había salido artista si mis padres no lo fueron. Recuerdo que me fui pensando en ello y llegué a la conclusión de que familia, para mí, tiene un referente de comunidad. Y más que padres, yo tuve muchas madres. Varias mujeres del mercado me criaron con mucho amor, así como las monjas de mi colegio. Quiero hablarles de una en especial, la madre Juanita, jugadora de fútbol, buenísima para los tiros de chilena, quien me hizo amante de los libros, la música, la danza y hasta del teatro.
Aunque llegar a ser artista no ha sido, digamos fácil, me he enfrentado a unos cuantos problemillas propios de mi sexo, mi color de piel y hasta de mi clase social.
RACISMO, CLASISMO Y SEXISMO
Recuerdo un día soleado frente al lavadero de mi casa donde a mi madre, quien me peinaba, le dije: “No me peines de trenzas porque parezco indita”. Estoy segura que fue algo que le enfureció, ligeramente me aventó la cabeza para dejarme el cabello suelto, me puse una diadema y me fui contenta a la escuela. Allí, tarde o temprano, me volvieron a decir que era hija de una verdulera, que era india y pobre. Luego miraba a la Virgen de Fátima, patrona de mi colegio, que era blanquita, blanquita, de ojo claro, muy esbelta y ciertamente, no me parecía mucho ella.
En el colegio aprendí varias cosas, por ejemplo, que excepto San Martín de Porres, todos los demás santos eran blancos. Aprendí que Jesús era más poderoso que la Virgen, que había lecturas para mujeres y para hombres. Nos lo hacía notar la madre Juanita; a las mujeres nos leía Staurofila, una oda al amor romántico, abnegado y heterosexual. A los hombres les leía la vida de Karol Wojtyla, el varón que había llegado a ser Papa, jugador de futbol e incluso actor.
Sin embargo, ya de niña, en mi imagen sobre lo femenino y lo indígena, las mujeres eran fuertes y ágiles, cargaban canastos, costales de varios kilos para la vendimia del mercado, trepadoras de postes para colocar sus manteados que les cubrían del sol, administradoras y contadoras natas de sus negocios, músicas, lectoras y directoras del colegio como lo fue la madre Juanita.
LA INTERRUPCIÓN DEL EMBARAZO
Con el gran esfuerzo de mi madre, feminista por intuición, entré a estudiar al Centro de Educación Artística Miguel Cabrera en la ciudad de Oaxaca, que fue el comienzo de mi carrera como actriz y como feminazi, que ya ahora, al igual que la ofensa de india, me causan entre risa y penita ajena por la podredumbre e ignorancia de la persona que pretende ofenderme con ello.
Antes de comenzar mis estudios, mi madre me decía: “Si te embarazas, Mónica, además de regresarte para el pueblo te voy mandar al convento de la madre Irene con tu rebozo, tu vestido y nene…”. Quedar embarazada en la adolescencia era mi peor pesadilla.
Lo que a continuación voy a narrar le sucedió a la prima, de la amiga, de la vecina de la oficina de enfrente, pero lo voy a narrar como si me hubiera sucedido a mí.
No me embaracé en la preparatoria, pero me sucedió en el segundo año de la carrera de actuación. Mi menstruación un día no vino. Vivía con dos amigas más, me sugirieron que me hiciera una prueba de embarazo casera, luego una de sangre. Las dos resultaron positivas.
Había logrado entrar a la Escuela Nacional de Arte Teatral para luego, tener que recluirme en el “convento de la madre Irene”… ¡Nooooo! Algo tenía que hacer, el aborto no era legal y era un sufrir que me calaba los huesos, estaba triste, preocupada, a mis 19 años sentía que me había traicionado a mí y a mi madre.
Me decidí por interrumpir el embarazo, allá por el 2002, cuando no era legal ni en la CDMX; la opción más económica que encontré fue de 9,000 pesos en una clínica clandestina de Iztapalapa. Como estudihambre, conseguir 9,000 pesos era una hazaña tremenda, por si fuera poco, la culpa y el miedo a morirme me invadían.
Tuve pesadillas con el Papa Juan Pablo, en un sueño rojo pasaba frente a mí y me señalaba como una asesina desde su lujoso papamóvil, donde seguro, si continuaba el sueño, se encontraría con Norberto Rivera, encubridor de curas pederastas que embarazaban niñas, y oficiaría misa ante muchas monjas que, como yo, tenían intenciones de interrumpir su embarazo por el miedo a ser excomulgadas, porque cada mujer tiene sus motivos para interrumpir el embarazo.
Por alguna razón o después de tanto desearlo comencé a sangrar y terminé en el hospital general con un aborto espontaneo. La limpieza fue muy dolorosa, pero la médica que me atendió me decía: “Ya va a pasar, ya va a pasar” mientras me sonreía y me tomaba de la mano. Suena trillado, pero sí vuelve el alma al cuerpo, sí se siente un alivio profundo al pensar que puedes continuar con tu proyecto de vida, con tus sueños, se siente bonito ser una reconocida actriz profesional.
LA VIOLENCIA MACHISTA
Esto me sucedió a mí, pero me da rabia pensar que le puede esta sucediendo a la prima, de la amiga, de la vecina de la oficina de enfrente, ahora, en este mismo pinche instante, mientras lees esto:
Comencé a tener una relación de pareja con un hombre aparentemente muy tranquilo, callado, noble, igualitario, posteador en Facebook de las causas feministas, ecologistas y hasta de derechos humanos. Con él me sentía ganadora de la lotería. Sin embargo, desde los primeros meses las banderas rojas comenzaron a salir; hablaba muy mal de sus exparejas, todas le habían traicionado, se mostraba como la gran víctima. Un día enojado por uno de mis “indecentes comportamientos” destrozó su guitarra a golpes y le propinó un puñetazo al clóset que lo dejó perforado. En muchas ocasiones me hacía sentir culpable y hasta pedir perdón.
Para mí, él era como dos personas en un mismo cuerpo, uno sacado del movimiento de nuevas masculinidades; el otro, un macho monstruoso que me decía cosas como: ¡cállate el hocico!, ¡tonta!, ¡chinga tu madre!, no sin antes levantar la cama, arrancarme la cortina del baño mientras me bañaba, aventar el módem, el teléfono, mis adornos de barro, empujarme y quererme aventar un banco de madera en uno de sus ataques de ira al estilo Hulk.
La relación nunca mejoró, los ciclos de violencia eran cada vez con menos intervalos temporales, así como la intensidad de su cólera. Cuando le dije que ya no podía continuar con él me sugirió que fuéramos a una terapia de pareja, que resulto ser una experiencia horrorosa, a pesar de mis narraciones, la psicóloga se puso de su lado. El colmo fue cuando terminó diagnosticándome un trastorno de personalidad.
Cuando logré terminar la relación y sacar a mi expareja de mi casa, comenzó un largo proceso de desenganche, con el tiempo entendí que era una relación codependiente y librarse de ella fue como desintoxicarse de una droga dura.
No lograba entender cómo yo, siendo feminista, en contra del maltrato hacia las mujeres, formada y habiendo actuado en obras sobre violencia en el noviazgo, quedé atrapada en una relación llena de abusos, manipulaciones y violencias.
Rescatarme de una relación así fue muy difícil, necesite mucha sororidad. Mi madre siempre estuvo conmigo, mis queridas amigxs, y un apoyo vital fue una valiente mujer que fue pareja de mi ex, a la cual ahora le tengo amor y gratitud. Otras mujeres que me ayudaron fueron las que me encontré en el CAVI (Centro de Apoyo a la Violencia Intrafamiliar). Podría escribir un libro con todas las historias que ahí escuché, experiencias atroces e increíbles.
Recuperarme ameritó mucha búsqueda, investigación, así como resistencia, y pasar un largo proceso de desintoxicación. Ameritó escuchar a otras mujeres y discernir mucho.
Estas experiencias de vida son ahora mi patrimonio y se han convertido en mis luchas que he tomado con fuerza. Puedo hablar de ellas desde mi cuerpo, desde mi corazón, desde mis entrañas, y no, no soy una víctima, soy una luchadora. Yo, al igual que todas las mujeres de todos los mundos, merezco el bienestar, vivir lejos de la violencia, decidir sobre mi cuerpo, sobre mi maternidad, sobre cómo quiero vivir mi vida. Porque ante todo: #acordamosvivir
Este 2018 cumplo 30 años de rolar, componer y cantar en los escenarios. ¡Cuántas historias, giras, discos, libros, antesalas, rechazos, ofertas, sueños y esperanzas! El 30 de julio de 1988 toqué por primera vez por una paga en el Foro Tlalpan, antes sólo había tocado en foros estudiantiles de manera gratuita. Además tuve una temporada de seis meses, situación insólita en nuestros días.
El Foro Tlalpan era de los pocos espacios donde podías escuchar canciones originales en español en los ochenta. Su fundador, el videoasta Sergio García, promovía sus películas y a compositores y grupos de ese tiempo como José Cruz, Emilia Almazán, Rafa Catana y Botellita de Jeréz. Todos los sábados me iba en la caribe amarilla de mis papás de Lindavista a Tlalpan.
No sabía pintarme, así que tomé un bilé y un rímel de mi mamá prestados. Como pude me maquillé. Todavía no tenía equipo de audio. Así que tocaba literalmente a capella con mi guitarra de palo y mi voz. Después de algunos meses me compré mi primer amplificador (un Peavy que todavía conservo), una pastilla para la guitarra, una base y un micrófono que me robaron años más adelante en Rockotitlán.
Justo el día que mis papás me fueron a ver, un tipo del público me comenzó a gritar una sarta de agresiones de contenido sexual. En unos meses cumpliría 21 años y nunca había vivido algo así. Apenas y podía con mi propio miedo al estar parada en el escenario y todavía lidiar con alguien que te gritaba insultos, era demasiado terror. Una parte mía no creía que me estuviera pasando eso. Estás compartiendo lo mejor de ti, tu arte, ¿cómo es posible que alguien llegue y te insulte? Otra parte mía sacó una leona de los más escondido de su ser.
—Óyeme tú, ya sé quién eres —grité enojada señalando hacia al público—. Si eres tan valiente, ven aquí al escenario y cuéntales a todos lo que me acabas de decir.
Silencio sepulcral en la sala. Los espectadores se veían unos a otros tratando de descifrar a quién me dirigía. Yo pasé saliva, no quise ni voltear a ver a mis papás. Me moría de vergüenza, su nena lidiando con el público irreverente.
El Foro Tlalpan tenía un pasillo largo en la entrada y del lado derecho estaba la sala de proyecciones y multiforo donde también se realizaban los conciertos. Los asientos eran unas 10 filas de bancas de madera. Ese día, la sala estaba media llena, unos 40 espectadores. La verdad es que no sabía quién era el agresor, pero tenía claro de qué zona había salido la voz. Intuía que si lo exhibía, tal vez dejaría de molestarme.
—¿No quieres subir? Ándale, ven, diles a todos lo que me dijiste.
Risas entre el público, en las filas de hasta atrás algunos amigos se dieron codazos.
—Bueno –respiré resignada— sigamos con el concierto.
Tal vez toqué “Pepe Pifas” o “Mona monina”, no lo recuerdo. En medio de la canción un chico de las bancas de hasta atrás se paró y se fue. Sentí alivio.
Al final del concierto mis papás me preguntaron ¿pues qué te dijo el chico? Olvidé las palabras exactas, pero la agresión, no. Estar en un escenario no significa que seas tiro al blanco para que cualquiera llegue a agredirte e insultarte. Una artista es una mujer pública, no púbica.
Esta historia de agresiones de parte del público se ha repetido de diferentes formas. Y sí… cuando una cuenta estas historias de acoso nos tiran de a locas, nos dicen que exageramos, que por estar en un escenario nos exponemos y es forzoso pagar el derecho de piso.
En otra ocasión, cuando cantaba con el grupo Follaje, nos fuimos de gira a Durango. Era un concierto organizado por alguien del Instituto de los Jóvenes en un auditorio. Había muchos chavos drogados como espectadores. Terminamos el concierto y se me acercaron varios chicos.
—Fírmame la mano, preciosa, te rifaste —expresó un moreno flaco con el torso desnudo.
—Gracias —le contesté con una leve sonrisa—. Tomé su mano llena de resistol y se la firmé.
El moreno flaco se fue y llegaron otros chicos. Les autografié unos volantes. A los cinco minutos regresó el moreno flaco, me pidió que le autografiara el estómago. Le dije que no, se fue un poco molesto. Seguí cotorreando con los otros chicos. Cuando me di cuenta estaba sola en el escenario, los músicos estaban guardando el equipo. Estaba rodeada de unos 8 chavos y regresó el moreno flaco.
—Dame un beso acá chido, mi reina —exigió e intentó besarme en la boca mientras me rodeaba con sus brazos.
Mientras forcejeábamos, los demás chicos aprobaban el acoso. Daban gritos de júbilo. El aliento a chemo del moreno flaco me dio asco. Sentí ganas de vomitar. Grité desesperada. El guitarrista y el baterista corrieron a rescatarme.
—¡Déjenla, cabrones! – exclamaron el Chololo y el Demex tratando de dispersar a los chavos a jalones.
En la camioneta iba llorando. Me sentía vulnerable y expuesta. “No puedes estar sola, no puedes dar la mano porque te toman el pie, no puedes ser tan buena onda. Tienes que ser más cabrona que bonita” me dije a mí misma.
Aprendí a cuidarme, a ser más intuitiva, a pedir ayuda. Las canciones sanan las heridas. Escribí “Suelta la silueta” para exorcizarme del acoso.
Llego tarde a la oficina san lunes de fatiga el jefe en la tranza me cacha a su oficina me llama:
“A ver, chula, dígame ¿cómo le vamos a hacer? le perdono su tardanza si en aceptarme no tarda”
Sus ojos cual volcanes se pierden en mis encajes suplican agonizantes el siguiente mensaje:
“Suéltala, suelta la silueta, Suéltala, suelta la silueta”
Ya me quedé sin chamba para la renta no hay lana no me corre el casero si recorrerme le dejo
Llego a la tocada un trajeado se me lanza: dice que me hace estrella si me estrello a su cadera
Sus ojos cual volcanes se pierden en mis encajes suplican agonizantes el siguiente mensaje:
“Suéltala, suelta la silueta, Suéltala, suelta la silueta”
La música se ha ido pero no este vil frío más de pronto veo unos ojos que encienden mis gozos
Hechizada, encantada, devuelvo la mirada arden nuestras vestimentas y soltamos las siluetas
A los bomberos no llamen que este incendio no acabe: sin condicionamientos nos damos en mutuo acuerdo
Hace unas semanas me encontraba “escombrando” mi estudio (me encanta esa palabra porque es muy propia de esa parte de nuestra casa) y me encontré con algunos recortes de periódicos que mi mamá había guardado a lo largo de los años. Figuraban algunos artículos sobre coberturas que había realizado y una que otra entrevista pero sobre todo columnas de opinión que yo publicaba en un diario especializado en deportes hace aproximadamente siete años.
Como la procrastinación es una de las cosas que mejor me salen, me puse a leer algunos de los textos en vez de continuar con mi chamba inicial, al fin que tenía tiempo de sobra y no estaba por irme casi dos meses fuera del país a cubrir un torneo de futbol. Ahora me doy cuenta que fue uno de los mejores momentos de procrastinación que he tenido en los últimos años ya que fue, sobre todo, un enorme baño de humildad y un gran aprendizaje. En uno de los recortes figuraba un texto que escribí en el 2011, luego de que se diera a conocer una medida cuya magnitud no cabía en ese momento en mi cabecita patriarcal y machista.
El Fenerbahce de Estambul, uno de los clubes más populares de Turquía, había sido sancionado con dos partidos sin presencia de público en su estadio después de que sus aficionados fueran, una vez más, protagonistas de incidentes violentos propios de la masculinidad tóxica que domina este deporte. En una determinación nunca antes vista, la federación turca decidió que en vez de celebrar los dos encuentros sin público lo haría únicamente con mujeres y niños como asistentes. En un país como Turquía esto adquiría aún más relevancia.
Cuando veo hoy las imágenes de aquel encuentro, me conmuevo hasta las lágrimas y lamento profundamente mi ignorancia de aquel momento.
Terminé de leer mi columna y me sentí profundamente avergonzada de mí misma. En aquel texto hablaba de que a mi parecer no debíamos buscar la superioridad de mujeres sobre hombres y que no hacía falta llenar un estadio con mujeres sino que solamente hacía falta que los hombres nos hicieran un lugar en un territorio históricamente de ellos. Algo así como el mensaje que hoy en día me despierta la cara de Robert Downey Jr.: “Ni feminismo ni machismo, igualitarismo”.
Claramente, para la Reimers de 26 años de edad eso era la máxima expresión de progresitud, muestra de mi arrogancia, mi ignorancia y mi privilegio. Lo primero por sentirme la chingona al lograr destacarme en un “mundo de hombres”, lo segundo por no haberme puesto todavía los lentes violetas del feminismo y lo tercero porque en muchas ocasiones el privilegio, en lugar de ser una herramienta, se transforma en anteojeras.
En aquel momento sentía que me había ganado un lugar entre tanto machirrín por mi talento, por no ser “como las demás”, por mi capacidad y por “echarle ganas”. En realidad lo que no estaba entendiendo era que más que la afirmación de presuntas cualidades debía cuestionarme respecto de la ausencia de muchas otras mujeres más talentosas y, sin duda, más trabajadoras.
Creo que vivir esa experiencia antes de partir a una cobertura en la que el tema central es un espacio diseñado por hombres, para hombres y con el fin de hablar de lo que hacen o dejan de hacer otros hombres fue iluminadora.
Dejando de azotarme y habiendo culminado mi fiesta de culpa católica y protagonismo, me di cuenta que aquella lectura debía servirme para reafirmar que los procesos de aprendizaje de cada una de nosotras son diversos y que no podemos caer en juzgar desde nuestra alta silla a quienes siguen pensando cómo nos permearon a TODES porque en algún momento también estuvimos, aunque sea mínimamente, en ese mismo lugar.
Mujeres asistentes al partido del Fenerbahçe vs Manisaspor, el 21 de septiembre de 2011
Esto no lo digo con el afán de quitarme la bolsa de la vergüenza de la cabeza, sino porque en un sinnúmero de ocasiones también me ha tocado entender, particularmente en el ambiente laboral en el que me desenvuelvo, que para muchas personas (en su mayoría mujeres, sí) la herramienta más sencilla es no cuestionar, no responder y no salirse de la norma. Es tan costoso y doloroso llegar a una cierta posición de mediano respeto (o dejemos respeto, ausencia de insultos y cosificación por lo menos) que resulta preferible no arriesgar el terreno ya adquirido en aras de arrebatar libertades que tal vez no puedan ni siquiera gozar en su momento sino que serán para quienes vengan más adelante. En pocas palabras: es muy fácil ser progre entre gente que piensa como tú.
Tuve la suerte de tener a grandes amigas, hermanas y compañeras que me fueron llevando de a poco hacia lo que hoy considero un lugar de mayor claridad entre lo que creo, añoro y el mundo que me rodea -lo cual no siempre trae consigo la felicidad- pero también menos solitario.
Espero encontrarme dentro de siete años leyendo este texto con la respuesta en las yemas de los dedos de cara a otro escrito (menos vergonzoso que aquel), pero de momento sigue siendo una encrucijada para mí cómo lograr que el deporte, en tanto vehículo social y descolonizador, pueda ser utilizado para atraer más la mirada sorora de otras y lo hagamos también nuestro. Me encantaría encontrar una llamada, un aullido, incluso una luz mágica con la F de feminismo en lugar del símbolo de Batman para poder lograr mayor militancia de mujeres en este sector.
No quiero volver a perder la oportunidad de ver, con otras tantas, un acontecimiento como aquel entre el Fenerbahçe y el Manisaspor y dejar de pedir permiso para empezar a fabricarnos esa silla que en la mesa de las decisiones del deporte, del mundo y de nuestras propias vidas no nos quieren otorgar.
Regresar a las cocinas no es un tema de género, ¡es un tema de amor!. “Las cocinas se convierten en espacios mágicos donde danzan las emociones, las intenciones, los elementos y la creatividad humana”.
Soy una mujer que cocina. He pasado más de la mitad de mi vida dedicándome a este tema, de una manera u otra, la vida me lleva y trae siempre alrededor de aspectos en materia de alimentos, recetas, cocinas, mujeres, mercados, chefs, colores, tradiciones y especialmente historias que lo agrupan todo. Creyente de que nada sucede por azar, hoy puedo tener conceptos muy claros al respecto que me permiten compartir esas observaciones siempre con la intención de construirme y construirnos conceptos actuales del cómo vivimos y convivimos con el aspecto alimentario y culinario.
Abrir un foro de exposición de temas siempre será muy interesante, especialmente ver como el autor escribe y describe su punto de vista, yo espero que a lo largo de este artículo pueda conectarte con ese maravilloso mundo de la cocina.
Hay estudios y estadísticas que nos muestran que las personas en el mundo han salido de las cocinas y que se está cocinando menos. Hoy nuestra realidad es que cada vez hay menos personas interesadas en cocinar, y hablo de cocinar como la concentración de acciones relacionadas con nuestra autoalimentación, es decir, elegir los alimentos que consumo, cocinarlos y de integrarme a la cadena generacional de nuestra herencia por decisión, por gusto o por necesidad; cualquiera que sea el punto, eso hoy no es lo importante, lo importante es sabernos que ese espacio está sin habitar y que nos está dejando varios retos. Hoy la situación muestra que al no haber alguien haciendo esta labor, la primera pregunta que salta es quién lo va a hacer, y no es una pregunta nueva. Lo que sí es cierto es que hay gente interesada en llevarla a cabo y lo hará porque le beneficia económicamente, pero hasta dónde estaremos dispuestos a delegar este lugar, porque al ver las grandes repercusiones que esto ha traído a nivel familiar, a nivel de salud, y a nivel cultural, me da mucho material para exponerlo, pero especialmente para reflexionar.
Por eso la palabra “nutrir” cobra mucho sentido. No quisiera hablar de cocinar como un verbo en acción, sino tratar de llegar a la emoción más profunda de conectar con la esencia misma de alimentarte y procurarte la mejor selección y elección. Una idea que rebota en nuestras cabezas femeninas es que la cocina estuvo vinculada a la imagen de la madre de familia como una obligación y gran tarea. Yo misma, por generación, soy producto también de esas ideas, y si lo vemos así, por supuesto, desde esa perspectiva cualquiera prefiere salirse de ese lugar. Sin embargo, quiero aclarar que la labor de la madre de familia al cuidado de la alimentación familiar es y será un parteaguas de la base alimentaria exitosa de cualquier sociedad, sin importar quién la realice: es el lugar el importante y no si la mujer lo hace. Entonces ya no se pelea con esta idea de roles, se va directamente a lo individual. Se trata de ir más allá del concepto y mirar a lo lejos lo importante de incorporar esta actividad con mayor atención para nuestras vidas, porque aquí hay muchos temas incluidos: la salud, la emoción, la colectividad y la herencia. ¿No crees entonces que vale la pena poner atención a todo esto? ¡Por supuesto que vale la pena!
La cocina nace con la unión de los elementos. El aire, por ejemplo, para el pan y la fermentación; el fuego con la cocción y trasformación de sabores; el agua para unir y extraer los mejores atributos de cada uno de sus componentes y la tierra para producir y multiplicar las cosechas… ¿Por qué no irnos a esta parte de la cocina tan libre, fluida y orgánica? ¿Por qué no hacerlo hoy todo un espacio placentero y disfrutable?, ¿pues no es la cocina a donde todos llegan, donde todos comparten, donde la unidad se multiplica y nos mantiene en la vida, donde se nos enseña como llevar lo mejor a nuestro interior, donde se enseñan todas nuestras tradiciones, experiencias y recetas? De qué manera vamos a nutrir esta comunicación si estamos tan desconectados de esa emoción de colectividad, de pertenencia y de orgullo, por lo que somos y lo que tenemos. Estos no son solo temas de identidad, son temas de responsabilidad social y sensibilidad humana, y que hoy están en un momento de crisis, y con todo el peso de la palabra es una responsabilidad.
Se dice por ahí que las crisis son las oportunidades para sacudir y remover. Siempre hay que esperar que algo más suceda para cambiar. Quiero creer que cada movimiento de reflexión ayuda a retornar nuestros caminos para continuar nuestra contribución humana. Recuerdo mucho una escena de la película “Mad Max”, esta última que estaba protagonizada por muchas mujeres. Al final de la película y ya sucedido todo, hay una parte que me pareció increíblemente medular, y es cuando todas están muriendo en la guerra, con la tierra despoblada, heridas y cansadas de luchar; la abuela (representando la ancestralidad) le entrega en las manos de la joven líder un saco de semillas que traía colgado en su pecho muy cerca del corazón y al momento de dárselo antes de morir le dice: “aquí llevas concentrada la vida, cultívala por que con ella podrán sobrevivir, si no es aquí a donde quiera que vayas”. El conocimiento, la cultura, las costumbres, las creencias, son aspectos que uno va acumulando en la vida y así como el costalito, nos toca entregar no solo a los hijos y a la familia, sino también al colectivo en la sociedad, entonces ¿cuánto estamos dispuestos a entregar? De eso sí somos responsables.
Cada vez que yo doy clases de cocina, un argumento de reflexión que utilizo es que todo ser humano debe conocer por mero instinto la manera de llevarse comida al cuerpo, la salud como el resultado de la expresión de ese equilibrio, y no solo es físico, es también el aspecto emocional con el que va acompañado, y es igual de importante conocer cómo elegir lo que se come, lo que verdaderamente te nutre, saber la estacionalidad de los alimentos, es como ser congruente contigo mismo y con tu entorno, estar conectado, es elegir para ti tu mejor opción y esto no tiene que ver con el precio, ni con lo extravagante de los ingredientes, ni de la complejidad técnica de su preparación, sino con estar a cargo de ti, presente en la vida, siendo responsable de tus elecciones, mantenerte y darte justo lo que necesitas ni mas ni menos, y eso requiere esfuerzo, dedicación y conocimiento, de verdad, nada complejo, qué te hace sentir en control del cómo manejar tu alimentación. ¿Por qué entregársela a alguien más? Hazte esta pregunta en cada momento que comes, intenta reflexionarlo por lo menos de vez en cuando, es un ejercicio que irá ganando con el tiempo. Yo invito siempre a descubrir experiencias. Cuántas veces he escuchado: “a mí se me quema hasta el agua”, “a mí no me gusta la cocina”, “que me pongan hacer otra cosa, pero cocinar no”, y ante eso contesto: “no se trata de ser categórico”. Se trata de sumar experiencias que te hagan ver las cosas de diferente manera como hasta ahora, de darte la oportunidad de romper con aquello que limita y no te permite ser libre, seguramente detrás de ello existe una creencia de deber, ¡vaya que sí! Todos traemos las propias creencias programadas, a mí porque me enloquece cocinar no tuvo ese efecto, pero justamente es ese el ejercicio: llevar a otro nivel todo aquello que creemos no nos gusta y darle una oportunidad, es necesario llevar la experiencia de cocinar a otro momento, a otro lugar, con tus propias reglas y de acuerdo a lo que tú quieras, debe ser siempre una experiencia que llene tus sentidos porque, al final (y esto si es una gran verdad) cualquier cocinera o cocinero en el mundo no podrá negar que cuando alguien come algo tuyo y expresa emociones bellas hay un pago intangible, ha valido la pena, así lo hagas por ti y para ti o lo hagas para compartir y contribuir, esa es la finalidad, sumar y conectarnos para entrar en ese tan trillado equilibrio de se ser, estar y pertenecer.
Pero nada de esto comienza a evolucionar en la conciencia si no hay la completa comprensión de todos los aspectos que están interconectados en los procesos alimentarios humanos. No podemos hablar de cocina si no conocemos la cadena alimentaria, y permítanme llevarlos por estos inicios con algunas historias que he escuchado. Es mayo en la Mixteca Alta del estado de Oaxaca, aquí comienzan las lluvias, es apenas el inicio de temporada. Para todo agricultor las lluvias siempre serán el factor determinante para una buena cosecha. Si lo pudiera poner en términos prácticos: tierra + agua = prosperidad y abundancia. Justo al presentarse las primeras lluvias en algunas comunidades hay un ritual que ejemplifica este primer escalón, llamado pedimento a la lluvia. Se hace un ofertorio a la tierra para abrir la temporada, como se dice de forma metafórica “se alimenta a la tierra y se agradece lo que nos da, se le pide permiso para iniciar la nueva cosecha anual y se le pide que nos siga dando más”. Este ritual apertura a la siembra y preparación de la tierra, para nuestro país y especialmente en Oaxaca, con el maíz, seguramente el grano más valioso, se continúa replicando año tras año por generaciones, basado en una sola creencia. “Agradezco por recibir”. Aquí lo más interesante a resaltar es la intención humana, el cómo llegamos a la estrecha relación con la naturaleza, la conexión con la tierra, la fuerza de trasformación en la cosecha y la continuidad alimentaria, un verdadero acto de amor. Es por eso que la agricultura y la ganadería se vuelcan como pilares en la alimentación, y merecen que se les de el lugar que corresponde, la unión entre alimento y naturaleza, nutrición y naturaleza, es una fórmula que debe permanecer en nuestras mentes y en nuestras elecciones para alimentarnos. El campo está teniendo fuertes problemas, nos esta tomando mucho tiempo cosechar, lo que se cosecha no es suficiente, y especialmente los precios han incrementado, esto afecta esta labor en la primera cadena, porque compite con alimentos procesados a un menor costo, con accesibilidad inmediata, y siempre un alimento procesado será mucho más rentable que el campo mismo, la única manera de retomar esta labor y hacerla rentable es continuar esa cadena de consumo sustentable que invite a más personas a dedicarle tiempo a una de las actividades humanas más antiguas de nuestra existencia y a la que le debemos nuestra propia permanencia en el mundo. Cuando trato explicar todo esto lo hago con un ejemplo como este. Hoy nuestros problemas de salud están conectados con la rapidez que comemos los alimentos, sin detenernos en pensar qué comemos. Hoy está demostrado que mientras menos tiempo se le dedique a la cocina, hay mayor tiempo para comer más, y esto va directamente relacionado con los altos índices de obesidad y sus grandes enfermedades consecuentes, y es totalmente entendible. La idea es comprender que para que haya un pan, debe primero que haber sido cultivado el grano por unos cuatro meses mínimo, que hubo alguien que dedicó tiempo, trabajo y dinero para multiplicarlo, luego se suma alguien más que se dedicó a comprar los ingredientes necesarios para elaborarlo y que imprimió sus habilidades y conocimientos para transformarlos, y de ahí, para que tú tengas acceso directo a ese pan y a la cantidad que desees basta que tengas un billete, ¡así de fácil! Y en menos de 10 minutos podértelo comer sin mayor problema. Toda esta cadena de alimentación conectada se reduce a comer alimentos sin control y sin conciencia, nos hemos olvidado del valor real de los alimentos y pensamos que el pago por el precio lo es todo y nada más. Eso nos ha dado el permiso para alimentarnos de forma irresponsable y desconectada. Ante este panorama de selección es evidente porqué estamos teniendo tan serios problemas de salud en el mundo. Cocinar es difícil, mas no imposible, porque hay que dedicarle tiempo, creatividad y experiencia, es una actividad metódica. Hoy estamos muy abiertos a vivir experiencias, a comer en diferentes lugares, pero no se compara nunca con la experiencia de preparar la comida y compartirla, de verdad es un camino muy diferente. Desde el punto de vista económico, la percepción de la alimentación ha cambiado, hay estudios que comprueban que hoy el pensamiento de las personas, especialmente las que trabajan, definen, que es mucho más rentable trabajar más y ganar más, para poder dejar la alimentación en manos de terceros, el resultado indica que es más barato, y tiene lógica pues hay una gran industria que a diario esta ofreciendo allá fuera una gran diversidad de productos, y lo hace porque también para ella es muy rentable. Ese intercambio no tendría problema alguno si cumpliera con las necesidades reales alimentarias de la población, nos alejamos de la idea de cocinar y creemos que es mejor pagar para que se cocine, la industria lo hará siempre, aunque buscará hacerlo de un modo más económico y con mayor cantidad de atajos, hemos perdido el camino, y la realidad es más importante de lo que se cree.
En este sentido, hay una fuerte tendencia para revertir en una proporción los resultados de comer fuera. En el mundo hay chefs encargados de muy buenas cocinas, que están saliendo de la cocina y están retomando la conexión entre la cosecha y lo estacional de la naturaleza, conectando con productos locales, y desarrollando técnicas que hagan más atractiva la idea de comer mejor, y que el consumidor esté consciente de lo que está consumiendo. Esa es una gran propuesta, pues contribuye a que nos interesemos más en lo que estamos comiendo; sin embargo, se convierte en una opción muy costosa porque el comercio justo hoy es un lujo.
El tiempo es el ingrediente faltante para todas nuestras recetas y prácticas culinarias. Estamos en un momento donde la vida es mucho más automática, vivimos en una generación donde un botón pareciera resolver todo: tenemos acceso a luz con un botón, acceso a agua caliente con una llave, encendemos fuego con un botón, y todo pareciera ser muy práctico. Si todo es cuestión de tiempo y nos hemos ahorrado tanto en tantas actividades que tomaban mucho tiempo para vivir, ¿por qué seguimos sin tener tiempo? Nos resulta muy ajeno tomar de nuestro tiempo para dedicarlo a la alimentación y los atajos nos seducen. El inicio de la cocina se da por cubrir esa necesidad básica de alimentarse, con el tiempo se desarrolló una cocina que nos ayudó a no masticar mucho; con el tiempo, se logró obtener sabores mezclados entre guisos; con eltiempo se creó alrededor de cada comunidad una cultura alimentaria colectiva. El hecho de cocinar te lleva al ritual en la mezcla de ingredientes y procesos continuos que logran extraer el mejor sabor de los alimentos, radica en tomar ingredientes simples y naturales, mientras mas naturales mejor, y por medio de nuestra energía extraerles un mejor sabor, de esta manera honramos su existencia y valoramos toda su finalidad, al transformarse dentro de nosotros, incluyendo en este momento la forma en que comemos, con quién comemos y las emociones con las que comemos como parte de nuestro alimento diario. Tratemos entonces de comer comida real, natural y cocinada de forma cultural e histórica. El gran problema de comer tanto está basado en tener acceso inmediato, un gran paso hacia este punto sería que todos podemos comer lo que queramos si lo cocinamos. Por ejemplo, si se te antojan un pan, haz pan en casa, te aseguro que por reflejo directo el tiempo que tomará ir a la despensa, tomar los ingredientes y transformarlos detendrá tu antojo de comer por impulso en cantidad y al terminar de cocinar te aseguro que quedará en ti esa satisfacción del logro, más si lo hiciste acompañado, de eso se trata todo, de compartir. Esta practica debería ser un habito, se irá construyendo para conectarnos con todo el proceso y terminarlo en total conciencia con la naturaleza y contigo mismo. a eso se dirige la cocina en la actualidad, a elegir tus ingredientes y con el tiempo que tú decidas logres hacer una cocina simple y natural, pero real y nutritiva. Cocinar por placer, es una decisión propia, no una obligación, prefiere siempre comida real, por que es importante para ti y necesario para la salud. ¿No te parece una expresión de amor?
Como comunidad y continuidad
En el aspecto de la evolución y la herencia generacional, la alimentación ha escrito su historia, sin lugar a dudas resulta muy interesante como en todas partes donde el ser humano ha estado se ha desarrollado una cultura alimentaria, esta siempre obedeciendo reglas muy básicas: estaciones anuales, tipo de alimentos, formas de preparaciones y especialmente las creencias que acompañan y justifican su existencia.
En México el fenómeno alimentario cultural es desbordante. Empecemos por entender que por su extenso territorio y múltiples ecosistemas, nuestro país es un contenedor de tal cantidad de conocimiento… En él se han desarrollado las Cocinas de México, tan diferentes y tan variadas, que nos permiten ser dueños de esa gran herencia, orgullosamente hoy nuestra cocina se muestra como una de las más variadas y ricas en el mundo. En una población, cocinar nos remonta al hecho de la supervivencia, al análisis de nuestro entorno y el conocimiento intuitivo de lo que necesitamos para vivir en materia de alimentación, desde el punto de vista de la necesidad; sin embargo, el ser humano no deja esta evolución aquí, comienza a incluir su cultura, sus pensamientos y sus creencias, y entonces la cocina enriquece su existencia, pues envuelve un contexto no solo biológico y natural, sino un contexto comunitario. La historia del ser humano a través de su cocina, lo que yo llamo, antropología alimentaria, un gran concepto.
En nuestro país, es muy interesante analizar como hemos evolucionado en nuestros procesos alimentarios, como hemos construido en cada una de las regiones del país una cocina con identidad, adaptada totalmente a su ecosistema, dándole la vuelta a las estaciones y desarrollando de forma muy creativa más y más opciones. Nosotros tenemos el gran privilegio de contar con una cocina prehispánica que nos da raíz y que es el claro ejemplo de lo que estoy explicando. Con el tiempo la cocina ha tenido grandes influencias del exterior que nos han enriquecido y continúan su propia evolución hasta lo que hoy hemos visto como cocina mexicana moderna. Las cocinas de México: símbolo de toda nuestra identidad. Viva la contribución generacional de nuestra cultura alimentaria, sabernos dentro y dueños de un patrimonio que nos fue entregado y que por cadena nos toca trasmitir y mantener. Cuántas cosas de la historia han desaparecido por no haberlas visto. Los hilos se conectan por una idea muy básica, la continuidad. Yo soy creyente que en los procesos alimentarios todo lo que es exitoso para la comunidad permanece, es decir, si hay algo que gusta a la mayoría, se queda; si funciona para fines de la vida cotidiana, se queda. Desde el punto de vista práctico sería una selección inteligente, pero creo que hay cosas en estos días que han funcionado para fines prácticos resolviendo lo urgente y dejando de lado lo importante.
Ahora, ¿cómo podremos continuar este camino, si hay un claro abandono de las cocinas?, ¿cómo podremos enseñar a las generaciones siguientes todo lo que hoy tenemos?
Trataré de explicar que fue lo que sucedió cuando la UNESCO le dio a la cocina mexicana la declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en el año 2010. Todo suena como sólo un título pero va más allá. Los aspectos que fueron considerados en nuestra cocina fueron que nuestro país reúne elementos de identidad nacional, dados por toda su historia, creatividad, diversidad y particularmente dándole mayor énfasis a este último, la trascendencia. Después de mucha investigación acerca de nuestras costumbres y hábitos alimentarios, de las herencias culinarias y todos los procesos de la cocina tradicional, se trató de abordar un tema en particular para este proceso que se resume en estos aspectos: la protección de nuestra herencia, la salvaguarda de nuestra cultura y el rescate por parte de la documentación de las cocinas de México. Todo esto se compiló en un expediente llamado: La cocina tradicional mexicana, cultura comunitaria, ancestral y viva – Paradigma de Michoacán. Fueron las comunidades del estado quienes sirvieron como el elemento vivo de la existencia básica de nuestra cocina, de aquella raíz que es tangible en cualquier estado de la República, pero que para beneficios de un mejor abordaje se utilizó solamente a un estado. La declaratoria incluyó a todo el país pues se viven similares circunstancias culturales alimentarias. El expediente demuestra que nuestra cocina ha mantenido el contacto con la antigüedad, estableciendo lazos con su historia y como la comunidad mexicana, independientemente de que región se hable, ha garantizado como elemento activo la permanencia de la identidad alimentaria. Lo ha hecho por medio de sus productos originarios, por el uso de técnicas ancestrales y/ tradicionales, y por lo que para mí resulta más importante para todo este tema: el cómo la comunidad ha logrado trasmitir sus conocimientos de generación en generación. ¿Ves por qué es muy importante integrar a los niños y jóvenes a las cocinas?
¿Qué pasará dentro de los próximos 50 años si no continuamos el camino de contribución y enseñanza en materia alimentaria? Esa es una labor colectiva y siento que cada vez estamos más lejos de sentirla como propia, supongo que pensamos que alguien en algún lugar lo hará, pero quién será si no nosotros mismos, por los nuestros, por nuestra cocina. Es así como un solo concepto o palabra como lo es cocinar retoma tal importancia.
Si de lo colectivo comunitario lleváramos a nuestras cocinas caseras la importancia de lo colectivo familiar, incluso a lo individual, actuaríamos por reflexión y conciencia, es decir, hacer por alguien lo que otros ya hicieron por nosotros. Es un solo acto de retribución hacer que toda nuestra cultura viva a través de nosotros y de los nuestros, el gran reto para la humanidad. Si yo pierdo la tradición de la cocina en mi cultura estoy perdiendo todo el conocimiento y sabiduría de las generaciones atrás, y cuánto así ya hemos perdido, no hay nada más desafortunado para una sociedad que perder su raíz y su historia, y especialmente la que no está escrita, la que se da en las historias de vida de cada persona, esa que pasa de voz en voz, y que sólo se aprende en la convivencia continua.
Tenemos que ser más los que comencemos a tejer historias, a vivir momentos, a compartir espacios y emociones alrededor de la comida, pero desde otro lugar, el de la conciencia, eso nos convierte en una sociedad más responsable. Convencernos de que la verdadera alimentación está tan cerca de nosotros consumiendo comida real, verdadera comida y que hoy nos pide un poco de tiempo y dedicación. Al final de todo, ¿no es esto una gran dosis de amor? Cocinar entonces es un verbo que construye a uno mismo, a los más cercanos, a pueblos y países enteros, y a toda la humanidad.
Toda persona que cocina conecta sus sentidos, aprende a observar y rectificar de sus errores en una experimentación continua, la energía es viva y está en completo movimiento; mira al mundo de otra manera, pues vive lo colectivo, siente la sensación de transformar para compartir, expresa su sentido de generosidad y abundancia, todo esto como en verdadero acto de amor, porque sin alimento no hay vida. ¡Volvamos a las cocinas por amor!