Las mujeres jóvenes se ven cansadas

Por Julieta Fierro

Tengo casi 70 años y participé en un movimiento cuya intención era mostrar que trabajar fuera de casa, en cualquier puesto, con un buen salario, iba a hacer libres y más felices a las mujeres. Para darles una idea, cuando era joven había países “civilizados” como el Reino Unido donde, por ley, las mujeres ganaban 30% menos que los hombres por realizar el mismo trabajo en la maquila de la industria automotriz. Casi no había mujeres científicas, ni en puestos de dirección. En México la tradición dictaba que las chicas se debían preparar para dedicarse al hogar -a lo que no me opongo si eso es lo que desean, pero pueden hacer más cuando y si quieren-.

En 1968 viví una época dónde sucedieron varias cosas. Hubo un movimiento estudiantil con ciertas demandas de las que yo no entendía gran cosa. Sin embargo, como en cualquier revolución, consideré que era el momento de reivindicar lo que yo quería: libertad. Quise libertad para usar minifalda, tener novio y poder estudiar. Eran los tiempos donde se pensaba que el comunismo brindaría oportunidades para todos: un mínimo de bienestar para que cada quien se desarrollara a plenitud. Era la época del “amor y la paz”, se conseguían con facilidad pastillas anticonceptivas y no existía el Sida. Así que me escapé de mi casa y estudié física y trabajé para mantener mis estudios ¡con ayuda de mi novio!

La lucha de las mujeres de esa época consistió en gran medida en demostrar que podíamos realizar cualquier trabajo tan bien como los hombres. Desafortunadamente, al incorporarnos a la fuerza laboral disminuyeron los salarios y ahora muchas mujeres no trabajan por placer, sino por obligación.

Si me subo al metro o voy a algún evento académico o social y miro a las mujeres jóvenes las veo cansadas. Me da la impresión de que piensan que tienen que ser buenas en todo lo que hacen, que poseen una lista interminable de labores en las que deben destacar: esposas, madres, hijas, amigas, trabajadoras asalariadas, amantes y como si fuera poco se sienten obligadas a ir al gimnasio.

Imagen: Google search.

Me da pena ser en parte responsable de que se sientan tan presionadas. Creo que ha llegado el momento para que las jóvenes hagan su revolución, para lograr lo que ellas necesitan. Por lo pronto lo que se me ocurre es modificar el sistema educativo para que las mujeres puedan abandonar la escuela, durante varios años con el fin de criar a sus hijos pequeños y después incorporarse a la fuerza laboral. Las mujeres vivimos más que los hombres, es francamente injusto que haya tantos candados para conseguir trabajo después de cierta edad o concluir los estudios. También es importante que haya afores para todos, incluidas las amas de casa, para que puedan ahorrar y tener una vejez digna.

Recuerdo que alguna vez iba tener una cena en mi casa y me esmeré muchísimo para que todo estuviera “perfecto”: la comida, la calidad de los vinos, las toallas de los baños, las flores, el mantel, sobre todo el mantel; imaginé a alguna de las visitas volteándolo discretamente para saber si estaba bordado a mano o a máquina. Estaba tan cansada con tanto esfuerzo que se lo comenté a mi psicoanalista. Me dijo lo siguiente: “Vamos a suponer que todo le quede perfecto. Cuando sus invitadas chismeen sobre la cena dirán que es muy fácil organizar un evento así, teniendo tanto dinero”. Con los años me he dado cuenta que tenía razón, una de las características humanas es criticar, es necesario para progresar, sin embargo duele y en ocasiones duele mucho. Pienso que esa obsesión por el hogar la aprendí de mi madre; por desgracia confundí un hogar limpio y ordenado con la felicidad. Creo que el ambiente en mi casa hubiese sido mucho más grato de haber dedicado más tiempo a disfrutar a mi familia que a limpiar.

Pero sobre todo les diría a las mujeres que lo importante es estar contentas. Que no tiene ningún sentido tener un marido, unos hijos, una casa impecable, un cuerpo esbelto, un trabajo exigente si es para quedar bien con la sociedad. Que ésta siempre las va a criticar hagan lo que hagan.

Estoy convencida de que las mujeres podemos hacer de nuestra vida lo que queramos. Vale la pena experimentar y planear y soñar en grande. No le tenemos que demostrar a nadie que somos valiosas, lo somos.

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Conoce más del trabajo de Julieta Fierro en:  http://www.astroscu.unam.mx/~julieta/